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5/05/2013

E A T: La irrupción de lo inesperado por Lic. Gabriel Brener


Lo indecible
El suicidio es algo muy difícil de entender, pero el suicidio de un docente en el aula de sus alumnos es por lo menos incomprensible.
Este hecho trágico marca el inicio de "Profesor Lazhar"[1], y se mantiene latente durante todo el film. Sin embargo, algunas notables escenas y una serie de paradojas nos ofrecen algunas pistas para torcer semejante oscuridad animándonos a revisitar aquello que se emparenta con la vida y la existencia en común.
Cuando se tapa algo que necesita salir, cuando se evita hablar de lo que se quiere decir, suele suceder que aquello acontezca, de algún modo, sin previo aviso. Queirrumpa de manera inevitable.
Aunque lo que motiva la trama fílmica es un suicidio, sin eludirlo, propongo pensar y preguntarnos desde la escuela como afrontamos lo indecible, aquellas pequeñas enormes cuestiones de lo que no se habla. La muerte, un suicidio son situaciones que no solo duelen profundo, sino también perturban y requieren un singular cuidado en su abordaje. Sin dudas, en la película los adultos se empeñan en este intento. No es que no hay voluntad de cuidar, sino que a veces esa motivación no alcanza para construir la mejor respuesta. Suele ocurrir que se acude a especialistas, sin dudas buen indicio, pero allí a veces nos detenemos, como si se tratara de recurrir a un alguien que va a solucionar el problema, y “nos pasamos la pelota”, sin darnos cuenta que los demás adultos somos parte de ese problema. El profesor Lazhar nos interpela sobre la implicación de todos los adultos de la misma escuela, de ese curso, pone de  manifiesto lo que late en los más pequeños, reconoce el valor pedagógico que supone dar visibilidad a la escritura de una alumna que no le permiten hacer pública, intenta romper el silencio temeroso de los adultos. Lazhar nos revela que en muchas ocasiones somos los adultos que necesitamos hacer algo entre nosotros para luego hacerlo mejor con nuestros alumnos. Ocurre que a veces quedamos atrapados en la propia gramática escolar, donde lo habitual de tan natural no nos sorprende y entonces, como sucede en el film, los chicos abordan este hecho traumático con un especialista  en la 2º hora de la mañana y en la 3º retoman el dictado inconcluso de la 1º con su Profesor Lazhar, a quien piden no se involucre en dicho momento.

Lo inesperado
Este relato fílmico también nos abre la puerta a conversar sobre la irrupción de lo inesperado, y entonces revisar los modos de mapear a nuestros niños, niñas y adolescentes, así como interpelar diversas problemáticas sociales que no suelen invitarse a pasar a las aulas, no solo por negarles acceso, sino también por la dificultad e imposibilidad de involucrarnos con asuntos tan difíciles, controvertidos como el consumo de drogas (legales o ilegales),la trata de personas, el aborto, el suicidio, como también cuestiones ligadas a la construcción democrática de la sexualidad, los noviazgos violentos, como diversos tipos de violencias físicas o simbólicas. Todas ellas aunque no se les abra la puerta de las aulas, se meten por las ventanas, o por cualquier rendija de la escuela.


Alfredo Carballeda[2] es quien lo plantea en términos de la irrupción de un sujeto inesperado, poniendo en evidencia las dificultades que tenemos en las instituciones para hacer lugar a muchos adolescentes, especialmente a aquellos que pertenecen a familias que por primera vez acceden a este nivel del sistema educativo. Sabemos que aun conservamos vestigios o nostalgias de un ideal de alumno de aquella escuela secundaria que conserva la marca indeleble de la “selección natural”, de un colegio diseñado para no tantos. La escuela es una institución expuesta desde su origen a la tensión entre permanencia y cambio, y ha sido una gran herramienta de inclusión ciudadana en nuestra historia latinoamericana, pero ha sido dominante durante largos años una inclusión excluyente, en la que incluir fue equivalente a homogeneizar, señalando y/o condenando la diferencia como deficiencia. El siglo XXI, de la mano de la ley de educación nacional[3], nos desafía a una inclusión más democrática en la escuela, con diversidad de sujetos, de problemas sociales, y la necesidad de ampliar la participación de cada uno y todos sus actores, y desde allí asumir el desafío de una formación de ciudadanía activa, critica y responsable con y por los otros.  Se trata de una oportunidad estratégica para más y mejores encuentros generacionales, donde se junten y dialoguen la cultura escolar con las culturas juveniles, mediáticas, populares, o tecnológicas.
Se mira y no se toca
“Profesor Lazhar” pone al descubierto la necesidad de revisar los modos de cuidar, los gestos en la enseñanza, el contacto entre las personas, en especial entre adultos y estudiantes. Una alumna y su maestro parecen reprimir con la misma intensidad la necesidad de darse un abrazo (penalizado por la normativa escolar), para comprenderse mutuamente, para ofrecer amparo al otro cuando invade la angustia.
Somos parte de una sociedad que aún conserva huellas de una época signada por la supremacía del individualismo como salvación, en donde el otro es casi siempre una amenaza, y la desconfianza el sentimiento más entrenado, por lo que cualquier gesto de afecto que tiende al lazo es sospechado de abuso. El profesor de educación física, revela su impotencia cuando reconoce no poder ayudar a realizar ciertos ejercicios corporales por la limitación de las normas sobre el contacto físico, por lo que reconoce que los chicos dando vueltas al patio es la salida más habitual que empobrece dicho espacio educativo. 
La contención, un abrazo, una caricia, todos actos sospechados de corrupción por un dominante sentido común que antepone la sospecha y la desconfianza ante el cuidado del otro.
Hace algunos años, Estanislao Antelo advertía sobre la falsa antinomia entre cuidar y enseñar, saliendo al cruce de aquello que lo uno excluye a lo otro. Es imposible enseñar sin cuidar o viceversa, en el marco de lo que queremos ocurra en nuestras escuelas. [4]
Paradojas necesarias
El profesor Lazhar insiste en la necesidad de hablar y hacer hablar como formas de procesar el dolor, sin embargo omite presentarse con sus propias dolencias, ligadas a su historia e identidad. Cree y hace creer en el valor de las palabras, de la literatura como reparación del dolor, como puente para (re)situarse en el mundo, como pasaporte de humanidad, sin embargo en un momento lo traiciona su propia mano con un suave pero condenable golpecito en la cabeza de un alumno. Y al saberse excluido de su labor en el aula, escribe y lee un cuento en voz alta y repara con una caricia a aquel alumno con quien se había sobrepasado.
Al igual que con el profesor François en el filme “Entre los muros”[5], “Profesor Lazhar” nos invita a seguir la sinuosidad de sus contradicciones, ofrece gestos que ofician de llaves, así como se confunde en sus propias paradojas y silencios (como cualquiera). Siempre resulta doblemente valioso el cine o la ficción, como excusa para pensar la escuela y la labor de los adultos que allí nos zambullimos, y más aún si nos distanciamos de la necesidad de modelizar, de ver en un personaje el ideal de profesor, expectativa que nos sobrepasa por lo poco creíble, porque aumenta la impotencia. Preferible un personaje que muestra grises, tropiezos, buenos intentos, también errores, que al observarlo podemos sentirnos más cerca, o mejor aún, aumentar el debate y disminuir el silencio, nos identificamos con algún gesto y rechazamos aquel otro. Nos emociona pero también nos enoja...
De esto SI se habla
Existen multiplicidad de experiencias formativas en nuestras escuelas que ofrecen tiempos y espacios para reflexionar y aprender con los otros en torno a estas temáticas tan sensibles y controvertidas. Me interesa señalar, dada mi implicancia, la existencia de políticas y acciones desde el ministerio de Educación Nacional para acompañar y fortalecer la reflexión y respuestas de las escuelas frente a estos temas y situaciones problemáticas. Entre ellas, “Hablemos del tema”[6] una campaña que apunta a la prevención de adicciones, centrada en el consumo problemático de alcohol en adolescentes. A través de un recurso lúdico se interpela las propias prácticas de consumo, con información relevante de las mismas para reflexionar sobre ello, y buscar entre pares y con los adultos formas de cuidado, prevención y protección. El Programa Nacional de Educación Sexual Integral en cumplimiento de la ley 26.150 realiza múltiples acciones para garantizar el derecho de niñas, niños y adolescentes al acceso de información relevante en torno a la construcción de su propia sexualidad. Se trata de contenidos significativos acordes a las necesidades de cada uno de los niveles del sistema educativo. En estos días se acaba de presentar el segundo cuadernillo[7] para la escuela secundaria, que a través de diversos recursos didácticos propone que estudiantes y docentes reflexionen y revisen problemáticas sociales  ligadas a embarazo a edades tempranas, abuso sexual, trata de personas, enfermedades de transmisión sexual, noviazgos violentos, así como puedan debatir e interpelar diversas representaciones y actitudes sobre las identidades sexuales, los estereotipos sobre lo masculino y lo femenino, entre otras cuestiones. Es importante dar a conocer estas movidas, que son algunos  ejemplos, de un conjunto de dispositivos y emprendimientos socioeducativos que acompañan y fortalecen las trayectorias educativas de nuestros y nuestras estudiantes.
Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Es Subsecretario de Equidad y Calidad Educativa del Ministerio de Educación de la Nación. Trabajó como capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.      


[1] Monsieur Lazhar, película dirigida por Philippe Falardeau. Canadá. Año:2011
[2] Alfredo Carballeda   La intervención en lo social. Editorial Paidós. Buenos Aires. 2002
[3] Ley de Financiamiento Educativo (26075). 09/01/2006 Establece un incremento escalonado del presupuesto para la educación, ciencia y tecnología desde el 4% del PBI en 2006, al 6% en 2010.
Ley de Educación Sexual Integral (26150). 23/10/2006 Todos los alumnos tienen derecho a recibir información veraz, científica y pertinente sobre educación sexual integral, en todos los establecimientos educativos del país desde el nivel inicial al superior.
Ley de Educación Nacional (26206). 27/12/2006. Otorga al Estado Nacional la responsabilidad indelegable de proveer educación y fijar la política educativa. Establece la obligatoriedad de la enseñanza desde la sala de 5 años hasta el último año de la escuela Secundaria.
Ley de Protección Integral de los Derechos de niñas, niños y adolescentes (26061). 21/10/2005 El Estado garantiza la protección integral y el disfrute pleno, efectivo y permanente de los derechos reconocidos en el ordenamiento jurídico nacional e internacional a todos los niños/as y adolescentes. Se enmarca en el principio de reconocimiento del interés superior del niño...
[5] Filme “Entre los muros” (L. Cantet, 2008) una reflexión sobre el mismo en http://denadiesyderechos.files.wordpress.com/2010/02/pensarentremuros_brener.pdf



7/23/2012

E A T: Conflictos entre estudiantes, escuela y adultos De la toma y otros cantares…

Por Gabriel Brener *

 Hace unos días un colega con quien trabajamos hace años en un secundario me pidió una reflexión a propósito de la toma del colegio Pellegrini. Dicha inquietud fue a través de feisbuc, razón por la cual al leerla también me encontré que una amiga suya se había anticipado: “No puede, es inexplicable”. Ya no solo la pregunta inicial me animaba a volcar mi opinión, sino especialmente ese comentario posterior. Pensé que si adjetivamos como inexplicable la relación entre adolescentes y adultos, aquellos que debemos intervenir o salir a jugar cotidianamente en este complicado desafío, estamos listos. También pensé que inexplicable puede aludir a algo complejo, incómodo, y controversial, entonces logré mejor empatía con ese comentario que lejos de alejarme me arrimó al teclado. Todo conflicto requiere ser comprendido en el contexto que se produce. Más aun en este caso, una toma de colegio por parte de los alumnos, que reaviva episodios recientes en nuestra ciudad que, a mi juicio, fueron mucho menos provechosos para el debate y discernimiento publico que para el espectáculo mediático poniendo a los adolescentes como blanco al igual que esos juegos de la plei en el que hay que ametrallarlos para seguir participando.

 Legitimidad y desproporción

 El reclamo de los alumnos en torno a un bar/fotocopiadora accesibles en calidad y precio es legítimo (aunque ciertas miradas lo banalicen) pero también creo es desproporcionada la estrategia utilizada para efectuar dicha demanda. Las tomas, especialmente en los últimos años, han sido un recurso extremo que algunos colegios de la CABA han realizado porque se les caían los techos encima, no disponían de gas en invierno y les sacaban las becas de a montones, mientras aumentaban el presupuesto del subsidio a escuelas privadas (muchas con cuotas altas). Además no solo no fueron escuchados, sino especialmente ninguneados y perseguidos con la elaboración de listas negras en sintonía con el discurso feinmanneano que discrimina y estigmatiza (siempre listo para elevar las ventas). Dicha acción estudiantil, sin dudas con mala prensa (cosa que habría que debatir más, y no solo en los medios) no me parece pertinente. Aunque los chicos digan que atravesaron todas las instancias de negociación, creo que existen todavía otras formas de pedir atención e insistencia.

1

 Adulto en reparación Pero también dicho episodio pone al descubierto la fragilidad y los límites para construir una posición adulta responsable que logre anticiparse a dicha contingencia, desmarcándose o relegando contiendas gremiales y sectoriales para escuchar ( de otras maneras) y dialogar mejor con los adolescentes, más allá de las múltiples equivocaciones de estos últimos, asunto siempre esperable en territorio escolar. Hay algunos componentes del estado actual de juvenilizacion que experimenta nuestra sociedad 2(ser joven full-life, contra viento y marea, lo juvenil como marca de época y mercado) nos hace perder de vista el horizonte o ciertas coordenadas básicas para la educación y la escuela. Padres que parecen desaforados en las reuniones defendiendo a sus hijos como si enfrente hubiese una dictadura, cuando del otro lado, hay adultos que sin dudas se equivocan (a veces mucho), pero especialmente pierden la brújula o realmente no saben que trole hay que tomar.

 A veces me da la impresión que algunos adultos saldan deudas paternales con la complicidad horizontal que parece aliviar pero sin dudas complica más la cancha. O saldan deudas personales con la (propia) militancia perdida, con asuntos de la propia adolescencia que pueden tener contacto pero que son otra cosa que la adolescencia de sus hijos y hay que dirimir sin duda, pero en otra parte. Y el asunto se agrava si contemplamos que en los días que corren se han acortado (buen síntoma) las distancias tan enormes que otrora separaban las generaciones, con los riesgos que conllevan ciertas alteraciones de las fronteras entre adultos y jóvenes. Madres o padres que parecen ser sus hijos/as (por obra de la cirugía, la compra de ropa y demás mercancías en las mismas tiendas), pibes que la vida los llevó a hacerse adultos de golpe, niños o jóvenes que alfabetizan adultos, o a sus propios docentes si de tecnología se trata, entre otras muchas situaciones en que el paisaje social nos confirma que la separación generacional vive tiempos revueltos.

 En este clima de época, también hay que decir que muchos adultos se sienten indefensos frente a estos cambios, debilitados, y como si fuera poco la “fatiga de ser uno mismo “ 3 expresa impotencias, sinsabores de un adulto que se descoloca con la idea de futuro incierto, natural para los mas pibes (no por ello indolora) pero impensada para quienes escuchamos a nuestros padres o abuelos organizarse en un mundo de certezas.

 Suele suceder que muchos adultos antepongan la propia vulnerabilidad adulta (miserias incluidas) a la de los más pequeños y en esa operación (sea más o menos consciente) se evada, disimule, o renuncie a la necesaria posición adulta de hacernos cargo de la asimetría, de la educación de los adolescentes, de nuestros alumnos, de enseñarles, de ponerles los puntos al mismo tiempo que los cuidamos, y acompañamos. Poner límites no es un rasgo autoritario sino una condición necesaria para alimentar la construcción de una autoridad y convivencia democráticas. Y esa construcción sin dudas es a costa de errores, desprolija y está plagada de grises. Hay que salirse de esa falsa opción binaria que simplifica y nos encierra entre la autoridad de la imposición o la demagogia condescendiente. O nos ofrece una autoridad impune del yonovinada que también marca un estilo adulto que necesita interpelarse cuanto antes.

 Nuevos mapas para nuevos territorios

 Destaco la historia y calidad formativa en muchos colegios universitarios, así como sus microclimas de afectos, creatividad y entusiasmos del que fui/soy testigo tantas veces. Pero siempre fui crítico de su tradición elitista, de aquello que tan elocuentemente explicaba el sociólogo Bourdieu con el término “distinción”. Por eso me intento convencer que dicha cualidad exclusiva puede transformarse. Atendiendo al reclamo reciente, y en el contexto de lo que viene ocurriendo con sus pares en la ciudad, y especialmente en el de la propia institución. Hay que cuidar de no reproducir la lógica de la distinción con el reclamo, en el caso de los estudiantes. Hay que cuidar de no quedar pegados a la nostalgia de lo que fue y ya no es, o a la trampa de esquivar la necesaria asimetría, en el caso de los más viejos.

 Un último asunto. Vivimos en una sociedad del todo o nada, en el que todos/as van por todo, en el que a veces no se tolera la espera ni la media tinta. Hay quienes quieren que una autoridad, aunque legitima, caiga, otros no se bancan al que piensa gris, porque solo hablan blanco o negro. Quizás también, en muchos sectores el piso de algunos derechos se ha elevado (poco, o bastante, dejo eso para termometreros, pero de cualquier forma eso es bien bueno!) Entonces es factible que los pibes quieran ir por todo, porque sienten que si no, no los escuchan ni atienden… igual que muchos adultos…

 Tal como advierte el colega Sergio Balardini en su “Que hay de nuevo viejo”4, no es conveniente medir o juzgar las formas de lucha de los adolescentes con la vara de la militancia que guardamos los adultos en nuestra memoria. Los territorios son distintos y también los mapas para recorrerlos. La cybercultura es toda una nueva y revolucionaria dimensión que le imprime novedad a los modos de ser, de estar, de decir y organizarse. Habrá que animarse entonces, a correr nuevos riesgos de lo que nos separa, de los desentendimientos, pero con la firme intención de vivir mejor juntos.

 Los pibes aprenden más de lo que hacemos que de los que decimos que hagan.

 Entonces no nos hagamos los sorprendidos levantando el volumen de C5N, mejor hablemos más y mejor entre generaciones, nosotros adelante.

 Viernes 13 de Julio de 2012

 1 Solo me remito a la creatividad de estos mismos pibes, a experiencias recientes de sus pares chilenos, entre otras tantas… 2 Consultar Marcelo Urresti en http://www.perio.unlp.edu.ar/catedras/system/files/mario_margulis_y_marcelo_urresti_-_la_construccion_social_de_la_condicion_de_juventud_urresti.pdf 3 Erhenberg ver en http://books.google.com.ar/books/about/La_fatiga_de_ser_uno_mismo.html?id=4CRxAAAACAAJ&redir_esc=y 4 Sugiero leer el artículo de Sergio Balardini. Ver en http://www.nuso.org/upload/articulos/3299_1.pdf * Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de escuela secundaria. Autor de diversos artículos en torno a jóvenes, escuelas, violencia y autoridad.

5/21/2012

E A T: Tatuados por el mercado por el Lic. Gabriel Brener

Tatuados por el mercado
Por Gabriel Brener *

Instantáneas I
Delante mío, pedaleando igual que yo, una ciclista, me impactan sus tatuajes, en su tobillo el logo de Nike, y en su omóplato, un león, pero no el de la selva, sino más parecido al de Peugeot. Esas imágenes me desconcentran de la rutina ciclística, Pienso en el valor de los tatuajes como una marca, como un fuerte rasgo de identidad, de esa imagen o símbolo que se elige para decir sobre uno mismo.

II Me asalta otra imagen, parece descolgada, pero no lo es. Se me aparecen los peloteros, y me recuerdo llevando a mi hijo a estos lugares, allá entre los noventi y primeros años de este siglo. Ese espacio cerrado que se reproducía a montones, casi como en algún momento las canchas de paddle.

III Spot de campaña política, España, hace muy poco. Un niño va llegando a su escuela de la mano de una señora que es la empleada doméstica que trabaja en su hogar. El niño, con un uniforme que indica su pertenencia a una escuela de gestión privada, le pregunta---- Carmen, tu tiene hijos? , ella le dice que sí, y que es de su edad.-----Pues qué bien, dice el niño, así cuando seamos mayores ella puede ser la cuidadora de mis hijos. Aparece una madre que acompaña a su hija a una escuela pública, y al despedirla una voz en off revela su pensamiento----: corre hija , corre!. I

El sueño del mercado hecho realidad, dos íconos publicitarios, señales de distinción como acceso al templo del consumo (más allá de su concreción), huella en el cuerpo o quizás horizonte de realización personal. El pelotero como una sofisticada versión privada y “segura” de la plaza pública, de una década como los ´90 en la que solo faltaba privatizar el cordón de la vereda. Un dispositivo lúdico de mercado a tono con la fragmentación de la sociedad, que al tiempo que responde a una demanda concreta ofrece un territorio de aprendizaje social desde bien pequeños, sobre el encuentro con otros, el acceso a estos lugares, el juego, entre otras cuestiones. A sabiendas de la inminente derrota electoral, el PSOE que gobierna España arriesga sus últimas fichas, y en menos de un minuto, contrasta dos situaciones para afirmar que solo una enseñanza pública de calidad garantiza la igualdad de oportunidades, condenando los duros recortes que efectúa el Partido Popular en los distritos que gobierna, favoreciendo la escuela privada en detrimento de la pública. Tres instantáneas, una escena con la que me topé un sábado temprano, una publicidad política y el pelotero, como parte de la geografía que recorrí con mi hijo tantas tardes.

Maquinismo

Vuelvo sobre los tatuajes, la edad de quien los porta resulta de los años que separan la última dictadura de estos días. Y vuelvo a preguntarme sobre los motivos, las cosas que han (o no) sucedido para grabarse aquello en el cuerpo. Me ayuda a pensarlo una vieja frase, que proviene del movimiento obrero y afirma que es preciso luchar no contra las máquinas sino contra los daños del maquinismo. Es decir, el problema no son las máquinas sino el maquinismo. El problema no es ( solo) el mercado o los medios, sino aquellos valores asociados a ellos, ciertos patrones que se tornan omnipresentes y nos orientan sobre cómo tenemos que ser, por donde y con quien hay que andar, cómo vestirnos, de qué y cómo hablar, qué mirar, la supremacía del tener por sobre la importancia de ser, etc. Vuelvo sobre los tatuajes, y como si fueran sujeto, les busco predicado: Nike. “ Just do it. Solo hazlo, lo importante es intentarlo”. Peugeot “Manejá tus tiempos”.

Podríamos seguir con este análisis sintáctico publicitario, aunque creo ambos símbolos, que capturé pedaleando, alcanzan para confirmar la intuición de que la maquinaria neoliberal de los 90 no fue epidérmica sino penetró eficazmente en la sensibilidad individual y colectiva de nuestra sociedad, no solo consistió en cambios de índole económicos, sino en desordenados pero potentes cambios culturales. El spot de campaña español golpea fuerte. Entiendo el imperativo efectista de sus autores, pero creo, construye una posición binaria entre pública y privada como lugares fijos e inamovibles, creando un culpable y una víctima.

Mi opinión es que la cosa es mucho más compleja. Por un lado y hay que decirlo, un socialismo español que denuncia en el discurso (que le ha otorgado identidad y reconocimiento por años) lo que no practica en sus actos de gobierno, que están mucho más cerca de aquello que le da identidad a su adversario. Pensando en clave doméstica el debate no se reduce a pública o privada, libre o laica, arduo pasaje de nuestra historia educativa y social, porque los procesos de fragmentación económica y social que se consolidaron en los `90 tienen su correlato en una fragmentación educativa que arroja un mapa en el que hay mucha diversidad al interior del universo de las escuelas públicas y lo mismo en las de gestión privada. Esta reducción binaria no debe eludir la necesaria mirada y revisión en relación a los criterios con los que el Estado subsidia a la iniciativa privada allí donde no es necesarioII.

Tampoco debe omitirse que fueron especialmente las escuelas públicas objeto de deterioro y abandono por parte de un Estado que remató su patrimonio, por lo que las políticas públicas tienen que volcar decididamente prioridad allí reparando y reponiendo derechos sociales. Una sociedad más democrática e inclusiva debe conjugarse con escuelas que no reproduzcan la desigualdad en todos los planos sino que sean ámbitos de construcción de ciudadanía activa, que evidencien la existencia de conflictos de intereses, lugares estratégicos de igualación de posiciones, de posibilidades y de sueños. Como por ejemplo que aquel niño del spot se pueda ilusionar con que la hija de Carmen pueda ser su compañera del secundario, de la universidad o del trabajo, a contramano de la condena anticipada de trayectorias desiguales e injustas que muchas veces la escuela reproduce con destino de príncipe y mendigo.

Corrosión del carácter Richard Sennett en su recomendable obra “La corrosión del carácter, las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo”,III advierte sobre la condición flexible que requiere el sujeto de esta época para adaptarse al imperativo dominante. La consigna es “nada a largo plazo” que erosiona cualquier acción planificada así como debilita vínculos de confianza y compromiso, separando lo que quiero hacer de aquello que finalmente hago (la voluntad del comportamiento). “Requiere gente que se sienta cómoda sin calcular las consecuencias del cambio, gente que no sepa que ocurrirá a continuación”IV Una persona que tenga capacidad para desprenderse del pasado y una aceptación convincente de la fragmentación. En sintonía con el “self made man” de otra época en esta existe una voz en off permanente…“tu puedes”, mas allá del contexto y las reglas de juego de cada quien. Se precisa alguien que conjugue el verbo “hacer” solo en primera persona del singular, anulando cualquier tejido con otros como valor en sí mismo. En todo caso, lo que más se practica en primera persona del plural es un nosotros defensivo, en el que siempre hay un otro amenazante, del cual hay que separarse, distinguirse, en fin, a pesar del cual hay que sobrevivir. Sennett lo señala como el pronombre peligroso, un falso nosotros que al mismo tiempo que edifica identidad en defensa/contraste con un otro, alimenta un discurso marketinero del trabajo en equipo, que solo es un slogan que seduce, vende, sin existencia real.

Tatuaje y maquinismo

La psicóloga Elvira Martorrel afirma que "el tatuaje puede funcionar como decoración del cuerpo, como efecto de seducción dándose a ver, o puede ser ocultado bajo la vestimenta como si se tratara de un estigma. Puede constituirse en escritura como metáfora del amor físico, que intenta perpetuarse como marca eterna en el cuerpo, indicar pertenencia grupal y hasta constituirse en una forma de religión". V Podríamos decir que los tatuajes son un rasgo singular de la identidad adolescente, y que muy a menudo suelen estigmatizarse desde una mirada adulta desconfiada y temerosa que los transforma en portación de cultura juvenil, asociada a cierto descontrol, desborde, en síntesis, parece tratarse de una peligrosidad en puerta. Sin embargo hay ciertos tatuajes que pasan desapercibidos, o mejor dicho no están atravesados por este fantasma del miedo y el peligro. Se trata de tatuajes que son indicios de un proceso de naturalización del maquinismo, y entonces un empresario "exitoso" tatuado en su cuello arrasa elecciones y esa marca indeleble es asunto menor. O los brazos tatuados del más famoso conductor televisivo quedan invisibilizados arrimando apenas comentarios al margen, que nada tienen que ver con la antesala del desvío y la decadencia. Son los valores supremos y asépticos del mercado operando quirúrgicamente en el sentido común y las “buenas costumbres”. Los tatuajes como marcas singulares pero también como huellas sociales, los peloteros como cerramiento lúdico y formato de socialización y un spot televisivo que muestra pero no explica son fenómenos que invitan a un laberinto ( que es lo contrario a un camino fácil) para pensar y preguntarnos sobre lo público y lo privado. Lo público que va más allá del Estado, y lo privado que no se reduce al mercado.

I Disponible para ver en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=omssLO5eVgY II Investigaciones de la periodista Nora Veiras dan cuenta de la necesidad de revisar este criterio de política de subsidios. http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-113643-2008-10-20.html ; http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-150410-2010-07-30.html III “La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo”,Editorial Anagrama, Barcelona, 2000 IV Ídem p.29 V http://www.me.gov.ar/curriform/publica/martorell_13.pdf


* Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.

11/22/2011

E A T: Violencia y escuela por el Lic. Gabriel Brener

2011-11-20

Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado…

Gabriel Brener



Cuando algunos medios tratan lo que llaman “violencia escolar” como un espectáculo no hacen más que confundir, quitar contexto y seriedad al problema de la violencia en la escuela, que es de lo que menos se ocupan. Muy eficaces para aumentar la temperatura de la intolerancia, una especie de concurso para ver quién de los lectores de la versión digital escupe lo peor de sí mismo. Prefiero intentar algunas explicaciones como ejercicio de comprensión de algo tan sensible a nuestra sociedad, que necesita mejores soluciones.


Presencia adulta


Cuando los adultos no logramos mostrar que se pueden resolver problemas a través del dialogo (por más confrontación o complicación que supongan) y nos espantamos de como los chicos y adolescentes suelen resolver algunas contiendas en el ámbito escolar, lo que estamos haciendo es "embarrar la cancha". Invocamos reglas de juego que como adultos no cumplimos. No hay mejor ejemplo que el padre que le dice a su hijo lo que tiene que hacer pero él no lo hace. Es necesario, hacernos presentes allí donde los niños o adolescentes nos están llamando. Un hacerse presente que va más allá de estar con el cuerpo, más precisamente se trata de poner el cuerpo y estar disponible. Infinidad de situaciones problemáticas que prefiero llamar violencias de baja intensidad son llamados de los más pequeños para que los adultos nos hagamos cargo y nos animemos a ayudarlos (nos) a convivir mejor, a poner palabra y dialogo, a poner límites, allí donde aparece la cargada, el insulto, o la agresión física. Quizás no sean llamados literales, porque a veces prefieren la ausencia del adulto, pero concederles este pedido sin mediaciones, es no hacerse cargo frente a ellos. La omisión de dichas situaciones por parte de los adultos suelen ser oportunidades perdidas para anticiparse, minimizar o evitar desenlaces que luego lamentamos. Sostengo que es imprescindible que los adultos seamos referentes para los más pequeños, estando allí y dándonos por aludidos, mediando entre ellos y con la cultura, ese es el lugar. Mirar para otro lado, enojarse y no actuar, quejarse sin sentirse parte, son todas variantes de la ausencia adulta. Y esa ausencia es territorio fértil para el vale todo que no es otra cosa que un vacio de normas o las que ponen los más pequeños entre sí, que son geniales para inventar juegos pero no para regular la convivencia en un aula o en la escuela. Nosotros, los adultos, tenemos que marcar la cancha para jugar, y desde esa posición también abrir el dialogo con nuestros alumnos y alumnas para comprender esas normas. Hay que dotar de sentido a las normas, porque muchas veces resulta más cómodo y simple un reglamento que se cocina entre dos o tres adultos, se escribe prolijo y se pega en la pared o se manda por nota, con la expectativa que aquello comenzará a ser cumplido apenas sea visto. Creencia condenada al fracaso que alimenta esa nostálgica certeza de que todo está perdido, de que estamos en la peor crisis. Y allí me asalta algo que siempre me hizo ruido, eso de que estamos en crisis, lo escucho desde que tengo uso de razón. Philippe Merieu, notable pedagogo francés me ayudo a entenderlo de otra forma. En una inolvidable conferencia decía que solo no se está en crisis cuando impera el autoritarismo, en los regímenes totalitarios que imponen una sola y única manera. Que en todo caso la crisis es el precio que deben pagar las democracias para asumir incertidumbres. Valioso aporte para pensar la construcción de la convivencia en las escuelas.[1]


Ser sujetos de las normas


Es que hay que partir de otro lugar, más incómodo y trabajoso quizás, también más lento, que involucre más personas y de todos los colores. Directivos, docentes, alumnos, no docentes y familias. Abrir la pregunta sobre la norma significa resistir al acostumbramiento a tener que cumplirla sin saber para qué ni cómo. Es resistir a la letra muerta, incluso nos permite mejorar las normas o cambiarlas por otras. En la medida que les ofrezcamos a nuestros alumnos un lugar de participación genuina y no simulada, que sean verdaderos sujetos de las normas y no meros objetos de ellas, es más probable que sean de la partida y no meros espectadores de una decisión que suelen vivir como ajena. Quizás desde estas coordenadas sea factible negociar algunas normas sin quebrar la necesaria asimetría entre adultos y alumnos, en las que los primeros tenemos la responsabilidad de protección y enseñanza que no son asuntos contrapuestos sino parte del mismo desafío. Cuando se transgreda la norma hay que cumplir con la sanción prevista, y aunque a nadie le gusta pasar por allí, no es lo mismo hacerse cargo de una norma con la que se estuvo involucrado que con aquella que siempre se miro desde afuera. Si nos animamos a este desafío, que no tiene nada de fácil y tampoco asegura resultados, es factible que muchos integrantes de la comunidad educativa, empezando por los alumnos, logren mayor pertenencia con la escuela, porque en la medida que la institución me tenga más en cuenta y me permita ser parte de ella con lo que llevo puesto y pienso, es probable que yo sienta que la institución ocupa más y mejor lugar dentro mío. Y entonces lo que allí suceda no me dará lo mismo.


20 de noviembre de 2011


Nota: El título de esta nota corresponde a “Quiero tener tu presencia” de Seguridad Social


- Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.



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10/19/2011

E A T: Inclusión escolar

Por Gabriel Brener *

Blancas palomitas

El guardapolvo escolar es todo un símbolo si se trata de la historia de los sistemas educativos, en particular de nuestra escuela sarmientina. Es tanto símbolo de igualación social, estandarte de la defensa de la escuela pública, como objeto de disciplinamiento y vigilancia, o envoltorio de pretensión higienista. Vale señalar que el guardapolvo es según quién lo use. Distinta vara, ya sean ellos o se trate de ellas. Recuerdo hace poco tiempo escuelas que obligaban a las alumnas a asistir con el guardapolvo liberando a los varones de dicha exigencia.1

El guardapolvo, que no siempre fue (ni es) blanco no tiene una definición única, estamos frente a un emblema controversial. Que además, nos ofrece algunas pistas para pensar la relación entre educación, igualdad e inclusión en la escuela. Nos permite poner bajo sospecha una asociación muy arraigada en nuestra memoria escolar: que la inclusión es sinónimo de homogeneización. Quizás, porque aún perduran en nuestra retina aquellas imágenes de multitudes de inmigrantes que en los albores del sistema educativo nacional, pasaron por la maquinaria escolar que les dio la bienvenida a quienes venían a poblar la Argentina. En realidad, más que bienvenir bien venía que los tanos, gallegos, polacos, y demás paisanos dejaran sus identidades en la puerta de la escuela. Que interrumpieran sus cocoliches para hablar nuestro castellano, que se calzaran la escarapela, y demás insignias celestes y blancas, que entonaran con firmeza el himno argentino, más allá de entender su letra, que incorporaran a nuevos próceres y gestas heroicas como nueva religión y todo eso como nuevo hormigón de valores para levantar un Estado y su Nación.

En este sentido, incluir fue sinónimo de homogeneizar. Todos y todas adentro, pero de la misma forma, con las mismas cosas y todo aquello que se mostrara como distinto era inmediatamente congelado como diferencia, en su versión negativa, es decir, como deficiencia. Diferencia que pasaba a constituir un objeto de vigilancia y de ser necesario, de castigo. Esas “otredades” debían dejarse en la puerta de la escuela, del lado de afuera o aprender a ocultarse.

Pensar críticamente esta equivalencia entre inclusión y homogeneización es parte del camino que hay que tomar en un debate sincero sobre los procesos de inclusión educativa, íntimamente ligado a la construcción de identidades, asunto complejo y contradictorio que atraviesa a adolescentes y adultos en el espacio común que comparten en las escuelas.

Éramos tan pocos…

La escuela secundaria es un claro analizador, en la medida que pone al descubierto imperiosas necesidades educativas así como sus más sensibles contradicciones. Tal como ha existido durante más de un siglo, se trata de un lugar para no tantos, por decirlo de alguna manera. Su diseño original ha sido fuertemente selectivo, tanto en la elección de sus alumnos como de sus contenidos, reglas de juego y permanencias. En 1914, solo el 3% de la población de nuestro país entre 13 y 18 años estaba escolarizada, recién en 1980 este porcentaje se elevaba al 38%. En 1991, alcanzaba casi el 60% para convertirse en el 71% en 20012. Podemos afirmar que de tres cuartos del siglo XX a esta parte, se produce una acelerada ampliación de la matrícula en la secundaria. Un proceso de expansión primero, para convertirse en otro de masificación posterior. Hace algunos años se sancionó la Ley de Educación Nacional. (2006) estableciendo la obligatoriedad de asistir a la escuela a todos los adolescentes. He aquí una notable paradoja entre el diseño histórico de una escuela selectiva (asunto que no solo se mide por su formato, sino también por el modo en que se la piensa y se actúa en ella) y el ingreso de nuevas poblaciones. Más precisamente, se trata de pibas y pibes que son primera generación de sus familias entrando a la escuela secundaria.

Si los colegios le daban la espalda a ciertas portaciones de identidad de los pibes de los sectores medios, palpándolos de cultura juvenil en la puerta para que dejaran el rocanroll afuera, qué podemos imaginar para la masiva invasión de jóvenes de sectores populares ensanchando aún más la matrícula por la AUH3 de las últimas horas. La escuela ahora es un desfile de gorritas y capuchas, y al rocanroll se le agregan la cumbia y el hip hop.

Se piensa en un alumno que ya no esta allí

La inclusión de otros adolescentes en las escuelas es la contracara de largos y oscuros años de exclusión de gran parte de nuestra sociedad. Significa restitución de derechos y aún hay muchos adolescentes fuera de la escuela. Es medular una ley que establece la obligatoriedad. Pero es un nuevo punto de partida. La inclusión no se genera solo por una ley, tampoco puede imponerse. Se trata de un proceso a construir, de corto, mediano y largo plazo, que compromete varios asuntos. Por un lado, el de las decisiones de política educativa que garantice mejores condiciones edilicias, materiales, laborales, que respalden el sostenimiento de la inclusión y los desafíos pedagógicos que supone4. Por otro lado, la revisión de la representación de un ideal de alumno que ha sido dominante en la mentalidad pedagógica de la escuela secundaria, desconociendo o ninguneando otras formas de ejercer “el oficio de alumno”. Y aquí me parece necesario distinguir la condición de género en la construcción de alumnidad. Las chicas, al igual que en otras esferas de nuestra sociedad padecen discriminación en las escuelas. De quienes piensan que deben involucrarse con ciertas materias y no con otras, apartándolas en especial de aquellos desafíos del saber científico y tecnológico. Ni que hablar de las pibas fieritas que desafían el modelo de la “señorita normal” desparramando otras formas de practicar sus identidades femeninas. Es cierto que las chicas estén consumiendo más alcohol que en otras épocas y que se agarran a trompadas entre ellas, asunto que nos interpela para trabajar en la prevención de adicciones y de la violencia igual que con los muchachos, no para engordar el sentido común que estigmatiza con la novedad de la violencia de las pibas barderas.

Habrá que darse cuenta de que muchas veces se le habla a un alumno que ya no está allí. Ese que está es otro al que hay que conocer más y mejor.

Incluir es meterse con los problemas del adolescente

Hace unos días, en una jornada de capacitación en Ensenada (Pcia. Bs. As.) un directivo de una secundaria agrotécnica afirmaba con lucidez y mucha convicción, que la inclusión tiene que ver con el compromiso que el adulto tiene con el alumno, y luego fue más preciso: incluir es involucrarse con el problema del adolescente.

Los procesos de inclusión implican múltiples desafíos, que son centralmente políticos y pedagógicos. Es decir, están ligados a un determinado ejercicio de poder cualquiera sea la escala que se trate, el Estado, la institución o el aula. Y significa poner en juego una diversidad de estrategias pedagógicas para que todos los adolescentes, cómo sean y dónde se encuentren (urbano, rural, privados de su libertad, hospitalizado, etc.) se transformen en alumnos, no para permanecer (estado que me suena a mantenerse, a un mientras tanto, pero en especial alude a un objeto) sino para aprender y crecer como sujetos y luego egresar de la escuela.

Incluir será asumir como ganada la apuesta a pesar de lo incierto de su resultado. Tiene que ver con la posición que se asume frente a la alteridad. Si se trata de otro que es amenaza permanente, haciéndole el juego a la construcción mediática del pibe gorrita, vago atorrante y peligroso. Si es un otro al que se intenta invisibilizar por distintos medios, ajustándolo al “no sabe no contesta”, o naturalizando que permanezca un tiempo, reincida y abandone. O si se trata de una alteridad que tiene cosas para dar, alguien que puede complementar a pares y adultos; que solo es cuestión de comprender que lo escolar siempre ha sido cosa ajena para él o ella, que nunca es fácil jugar de visitante y que estaría bueno que pudiera jugar de local.

Para cerrar, vuelvo al guardapolvo, símbolo de nuestra escuela pública, especialmente cuando se acerca fin de año y los alumnos y alumnas del último año se apropian de ese emblema, quizás como nunca, ensayando infinidad de colores, de graffitis, de deseos. Dibujando sus nombres y el de los otros, un ritual que anuncia despedida o fin de ciclo pero que abre contra viento y marea la necesidad de mostrar lo propio, de sacar a pasear ese trofeo con frescura y algo de irreverencia.


1 Luciana Peker lo señalaba con claridad hace unos años en el diario Página 12. Ver en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-1831-2005-03-22.html , consultado en octubre de 2011.
2 En http://diniece.me.gov.ar/images/stories/diniece/publicaciones/boletin/obligatoriedad-ed-media.pdf
3 Asignación Universal por hijo. Bien vale leer a Mario Wainfeld en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-179078-2011-10-17.html del 17 de Octubre de 2011.
4 Si bien se han construido muchas escuelas, aún se necesitan más, mejoras en las condiciones edilicias, de servicio eléctrico, de gas, conexión a internet. Más escuelas de jornada completa, incrementar experiencias de jornada extendida. Formación docente en servicio; sumar más profesionales a equipos interdisciplinarios para acompañar y fortalecer tareas pedagógicas e institucionales, y de relación con la comunidad. Mejorar la asistencia de docentes, entre otras muchas cuestiones.

* Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.    

10/01/2011

E A T: Sobre la situación de agresión a un director de Pergamino por el Lic. Gabriel Brener

Violencia y escuela
Por Gabriel Brener *

Es muy grave la agresión física sufrida por un director de secundaria en Pergamino. Hay que rechazarla. Con la firmeza de la palabra y del necesario cumplimiento de las normas cada vez que se las transgrede. Este hecho y los otros dos que cobraron popularidad en las últimas horas (Tres Arroyos y Matanza) son episodios excepcionales en las instituciones escolares y no parte del paisaje cotidiano. Los medios muestran como algo natural lo que es excepcional. El asunto no es menos grave por ello, pero dicha cobertura lejos de informar con seriedad parece un chorro de combustible para apagar el incendio sobre el que se está alarmando. Y un hecho así debe ser sancionado en su propio contexto, según las normas que regulan el funcionamiento de esta escuela y no siguiendo la cuestión por los medios, y haciendo de ello un espectáculo que alimente la voracidad punitiva o el rating mediático que en vez de ayudar, embarra la cancha.

Hace rato que la escuela dejo ser ese lugar aislado del mundo para formar a las nuevas generaciones inmunes a lo que acontece a su alrededor. Parece no tener ya eficacia esa frase distintiva que portaba un adulto escolar algún tiempo atrás, “eso acá no” “eso dejalo para afuera”. Las situaciones de violencia que se producen por fuera ingresan a las escuelas sin pedir permiso, conviviendo con aquellas situaciones de violencia que se generan y son parte de la propia vida escolar.

Decir que esta brutal agresión no es lo cotidiano ni oculta ni apacigua la imperiosa necesidad de abordar las agresiones, hostigamientos, entre alumnos, con docentes y directivos y con las familias. Se trata de innumerables episodios de baja intensidad que, si no se atienden a tiempo, si no se las considera relevantes , si se las evade por la incomodidad o dificultad que supone hacerles frente, derivan en episodios más graves que luego no pueden detenerse. Incluso a veces llegamos a desconocer estas situaciones como propias y parecemos vernos por fuera de ellas, cuando en realidad estamos involucrados en alguna parte del asunto.

Sin dudas se requieren más y mejores recursos desde el Estado, acompañamiento a los docentes, pero también estrategias de lucha que convoquen a los docentes a debatir en las escuelas, a formular problemas y crear posibles soluciones, entre adultos y adolescentes, otras instituciones y referentes sociales, también convocar a las familias, para pensar entre varios un mejor vivir juntos en la escuela.

Las situaciones de violencias son un problema serio y deben ser sancionadas escolarmente y de ese modo fortalecer la convivencia democrática.

Situaciones que ponen de manifiesto una serie de desencuentros, entre la cultura escolar y las culturas juveniles, entre generaciones, entre familias y escuela. Desajustes entre las consecuencias desgarradoras de la fragmentación neoliberal, de lo público, de los lazos sociales y la posibilidad de construir lo común con lo difícil que resulta.

En estas circunstancias salen a florecer discursos especialmente punitivos del”se han perdido todos los valores”, en general no dicen cuales, porque solo cotizan en alza aquellos que sostiene quien enuncia, bien emparentado con la nostalgia moralizante de que todo tiempo pasado fue mejor, de que con esto pibes está todo perdido y del que querés con la familia que tiene!

Eso sí, se anuncia a viva voz que se ha perdido toda autoridad y que hay que restaurarla, “a como de lugar”. Los desencuentros antes mencionados son una clara evidencia que conmueve la forma de hacer y ser de la escuela, y también afecta la autoridad pedagógica que no es un bronce que se restaura, sino una relación que se construye.

Para finalizar me interesa destacar otro desajuste, clave en estos tiempos. La actual escuela secundaria ha sido diseñada históricamente como una institución selectiva, y la Ley de Educación Nacional (2006) sostiene la obligatoriedad escolar para todos los adolescentes y jóvenes. Hay enorme cantidad de chicos que son primera generación de sus familias en la secundaria, asunto que interpela fuertemente la necesidad de revisiones y cambios en ese diseño de escuela. Se trata de un desajuste que merece ser atendido como un desafío a resolver y no como una alarma de la nostalgia moralizante que pretende escuela para algunos y colimba educativa para otros

La vida cotidiana de las escuelas es mucho menos violenta de lo que muestran los medios, y sigue siendo un lugar mucho más seguro que tantos otros en nuestra sociedad, lo cual no elude serios problemas a resolver. En la escuela a los pibes les gusta estar entre ellos porque no es a pesar de la tecnología sino con ella, porque no es con la agresión sino reponiendo allí la palabra. Porque el desafío es dar más y mejor sentido a lo que ocurre en ella y ver si podemos ayudar a los pibes a hacerse de un proyecto, para intentar conjugar en tiempo futuro. Quizás sea ese proyecto la contracara más notable de algunas violencias.

Viernes 30 de septiembre de 2011

* Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de escuela secundaria.Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.